Si alguna vez ha comprado un cabezal de ducha, probablemente haya visto "GPM" en la caja o en las especificaciones. Suena técnico, pero es uno de los números más fáciles de entender antes de comprar.
GPM significa galones por minuto. Es la cantidad de agua que sale del cabezal por minuto. Un GPM más alto significa más agua y un rociado más fuerte. Un GPM más bajo ahorra en su factura de agua, pero puede dejarlo con un chorrito débil si el cabezal de ducha no está bien diseñado.
En los EE. UU., la ley federal limita los nuevos cabezales de ducha a 2.5 GPM. Algunos estados van más allá: California lo limita a 1.8 GPM, y cualquier cosa con la etiqueta WaterSense debe ser de 2.0 GPM o menos. Otros países tienen sus propias reglas, pero la idea es la misma: la ley establece un límite, no una recomendación.
Entonces, ¿qué deberías elegir? Para la mayoría de los hogares con una presión de agua decente, 2.0 GPM es el punto ideal. Suficiente agua para disfrutar de su ducha sin desperdiciarla. Si su presión es baja o su plomería es antigua, 2.5 GPM realmente puede cambiar la sensación de la ducha. Los modelos con una calificación de 1.5 a 1.8 GPM están diseñados para ahorrar agua, y aún pueden sentirse bien si el diseño utiliza inyección de aire o geometría de boquilla inteligente para compensar el menor flujo.
Aquí está la cosa: un cabezal de ducha de 1.8 GPM bien hecho puede sentirse mejor que uno barato de 2.5 GPM. Todo depende de cómo estén formados los canales internos, cómo las boquillas distribuyan el rociado y si la fábrica realmente mantiene tolerancias estrictas. Ahí es donde la fabricación de precisión marca la diferencia. Las vías de agua limpias y precisas le brindan el patrón de rociado para el que fue diseñado el cabezal, con el GPM que dice en la caja.
Antes de comprar, verifique dos cosas: la presión de agua de su hogar (la mayoría de los cabezales necesitan de 20 a 45 PSI) y el GPM indicado en el producto. Haga coincidir esos dos, y su ducha se sentirá perfecta.